“UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN” - Saskia Sassen*
* Profesora de Sociología en la Universidad de
Chicago y en la London School of Economics.
Artículo
reproducido con autorización de la autora.
Traducido
por María Victoria Rodila.
Publicación
original: Sassen Saskia, Una sociología de la globalización - 1ª ed. – Buenos
Aires: katz,
2007.
RESUMEN
El texto presenta en la introducción las
bases para una sociología de la globalización en la que se afirma que dicho fenómeno es comprensible
en términos no sólo de la interdependencia y la formación de instituciones
exclusivamente globales sino en relación a algo que también reside en el
interior de lo nacional.
Al superar el nacionalismo metodológico,
es posible entonces abordar un número creciente de casos de localización de lo
global y de desnacionalización de lo nacional que, a su vez, abre para las
ciencias sociales una amplia gama de posibilidades de investigación. A
continuación, se aborda el estudio de las ciudades globales como un espacio
propicio para poner a prueba los presupuestos teóricos de esta sociología en la
medida en que, a través de aquellas, se crea una nueva geografía transnacional
que al mismo tiempo constituye el espacio para una nueva política
transnacional.
Palabras clave:
sociología-globalización, economía global, política transnacional, ciudades
globales.
INTRODUCCIÓN
Los procesos transnacionales como la
globalización política, económica y cultural enfrentan a las ciencias sociales
con una serie de desafíos teóricos y metodológicos. Estos desafíos surgen debido
a que lo global (ya sea una institución, un proceso, una práctica discursiva o
un imaginario) trasciende el marco exclusivo del Estado-nación y al mismo
tiempo habita parcialmente los territorios y las instituciones nacionales. Vista de esta manera, la globalización no se
limita ya a la noción convencional que la defi ne como un proceso de formación de instituciones
exclusivamente globales y de interdependencia creciente entre los
estados-nación del mundo. Si lo global, en efecto, reside en parte en el
interior de lo nacional, resulta evidente que la globalización, en sus
distintas modalidades, compromete de manera directa dos supuestos clave de las
ciencias sociales. El primero de ellos es la concepción implícita o explícita del
Estado-nación como contenedor de los procesos sociales. El segundo es la
correspondencia implícita entre el territorio nacional y lo nacional como
característica, es decir, que si un proceso o fenómeno social se da en una
institución o en un territorio nacional se asume que debe ser de carácter
nacional. Ambos supuestos describen condiciones que han mantenido su validez,
aunque nunca absoluta, durante gran parte de la historia del Estado moderno (en
especial desde la Primera Guerra Mundial) y que en buena medida subsisten. Lo
que ha cambiado en la actualidad es que dichos supuestos se están
desarticulando, parcialmente pero con intensidad. Por otra parte, también es
diferente el alcance de esa desarticulación.
Cuando se abandona
la consideración de la globalización en términos de la interdependencia y la
formación de instituciones exclusivamente globales para concebirla como algo
que también reside en el interior de lo nacional, se abre el campo para una
amplia gama de posibilidades de investigación hasta hoy casi inexploradas. Los
su puestos relativos al Estado-nación como contenedor de los procesos sociales
siguen siendo útiles para gran parte de los temas que estudian las ciencias
sociales y, en efecto, han permitido que
aquellos que se dedican a estas ciencias desarrollen métodos de análisis efi
caces y obtengan los conjuntos de datos necesarios. Sin embargo, dichos su
puestos no resultan útiles para responder una serie creciente de interrogantes
acerca de la globalización. Tampoco lo son para explicar la amplia variedad de
procesos transnacionales que las ciencias sociales deben comenzar a investigar
y teorizar, ni para desarrollar los instrumentos analíticos necesarios. La
premisa crítica que organiza el presente trabajo no reside ni en los métodos ni
en los marcos conceptuales basados en el supuesto de que el Estado-nación es
una unidad cerrada con autoridad exclusiva sobre su territorio. Dicha premisa
podría formularse de la siguiente manera: el hecho de que un proceso o entidad se
encuentre dentro del territorio de un Estado soberano no necesariamente supone
que sea un proceso o entidad nacional, o una entidad extranjera tradicionalmente
autorizada (embajadas, turistas extranjeros, etc.); en cambio, puede tratarse
de una localización de lo global, o –concepto un poco más complejo– de una
entidad nacional que ha sido desnacionalizada, como podría ser el caso, por
ejemplo, de un componente del capital nacional que ha sido desnacionalizado.
Aunque la mayoría de los procesos y de las entidades que se encuentran en el interior
de lo nacional son nacionales, se hace cada vez más necesaria la investigación
empírica para determinar si todos ellos
lo son, ya que existe un número creciente de casos de localización de lo global
y de desnacionalización de lo nacional. Una parte de los fenómenos que hoy
siguen codificándose
como nacionales podrían ser ejemplos de esa localización y desnacionalización.
Generar las especificaciones
teóricas y empíricas que permitan incorporar estas condiciones es una labor
ardua que debe ser emprendida de manera colectiva, en la medida en que en lo
que respecta a estas dinámicas cada país tiene múltiples especificidades.
El objetivo de este
libro es hacer un aporte a esa labor colectiva a través de una cartografía del
terreno analítico que nos permita un estudio más complejo de la globalización
–un terreno analítico que puede incorporar y a la vez superar las nociones
centradas en la interdependencia creciente entre países y la formación de instituciones
exclusivamente globales–.
Por lo tanto, parte
de la investigación está abocada a detectar esa dinámica globalizadora en el
interior del espesor institucional y social de lo nacional, donde se mezclan
elementos nacionales y no nacionales. Cuando se enmarca lo global de esta
manera, es posible utilizar gran parte de las técnicas de investigación y los
conjuntos de datos existentes en las ciencias sociales, que han sido
desarrollados en función de lo nacional o de lo subnacional; pero tal uso es
posible sólo con la condición de generar nuevos marcos conceptuales para
interpretaciones que no den por sentado que el Estado-nación es un sistema
cerrado y excluyente.
Tanto las encuestas
realizadas en fábricas que forman parte de cadenas de producción inter-
nacionales, como las
entrevistas individuales para vislumbrar el imaginario sobre la globalidad, o
las etnografías de los centros fi nancieros
internacionales, todas ellas son herramientas que expanden el terreno analítico
para comprender los procesos globales. Tal expansión del terreno analítico para
el estudio de la globalización abre el campo de investigación de las ciencias
sociales en general y, en particular, de las cuestiones de índole más
sociológica o antropológica.
¿Qué es entonces lo que se intenta
designar con el término “globalización”? En este trabajo, se trata de dos
dinámicas diferenciadas. Por un lado, la formación de procesos y de instituciones
explícitamente globales, como por ejemplo la Organización Mundial de Comercio, los
mercados fi nancieros
internacionales, el nuevo cosmopolitismo y los Tribunales Internacionales de
Crímenes de Guerra. Las prácticas y las modalidades organizativas mediante las
cuales operan estas entidades explícitamente globales constituyen lo que se
conoce típicamente como global. Aunque en parte se dan a nivel nacional, se
trata en gran medida de formaciones globales nuevas y concretas.
Por otro lado, se encuentran los
procesos que no pertenecen necesariamente a la escala global y que, sin
embargo, forman parte de la globalización. Dichos procesos están inmersos en
territorios y dominios institucionales que en gran parte del mundo, si bien no
en todos los casos, se consideran nacionales. Aunque localizados en ámbitos
nacionales, o incluso subnacionales, estos procesos forman parte de la
globalización porque incorporan redes o entidades transfronterizas que conectan
múltiples procesos y a actores locales o “nacionales”, o bien porque se trata
de cuestiones o dinámicas que se
registran en un número cada vez mayor de países o ciudades. Es posible
mencionar aquí las redes transfronterizas de activistas dedicados a alguna
causa local específica que también se da
en escala global, como es el caso de organizaciones de defensa del medio
ambiente o de defensa de los derechos humanos.
También quiero señalar que en la
actualidad ciertos aspectos específicos de la labor de los estados nacionales
forman parte de la globalización; ejemplo de ello son las políticas monetarias
y fiscales impuestas por
el FMI y por los Estados Unidos como parte de la constitución de los mercados financieros internacionales. Otro ejemplo
de esta dinámica es el hecho de que los tribunales nacionales hayan comenzado a
utilizar instrumentos internacionales (como las declaraciones sobre los
derechos humanos, las normas ambientales inter nacionales o las reglas de la
Organización Mundial de Comercio) para resolver cuestiones que antes habrían resuelto
exclusivamente con instrumentos jurídicos nacionales. Asimismo, pueden
incluirse condiciones emergentes más difusas, que examinaremos en este libro
bajo la noción de globalidades no-cosmopolitas. Es el caso de algunos tipos de
actividad política y de imaginarios que se centran en cuestiones y en causas
locales, pero que a la vez forman parte de redes globales orientadas hacia los
mismos objetivos y con participantes cada vez más conscientes de pertenecer a
estas redes globales, en las que comparten problemáticas locales. Se trata de modalidades
de lo global que se constituyen a nivel horizontal, sin participación en
organizaciones que las integren en jerarquías mundiales verticales, como es el
caso, por ejemplo, de la Organización Mundial de Comercio.
Una sociología de la globalización Saskia Sassen
análisis político nº 61, Bogotá, septiembre-diciembre,
2007: págs. 3-27
Cuando las ciencias sociales estudian la
globalización, lo más típico es que no se concentren en este segundo tipo de
procesos e instituciones, sino más bien en los fenómenos manifiestamente globales. En este sentido,
ellas han realizado aportes importantes al estudio de lo global al establecer
que existen múltiples globalizaciones y que la forma dominante de la globalización
–la economía global corporativa– es sólo una de ellas. En ciencias políticas, y
especialmente en el campo de las relaciones internacionales, existe un concepto
canónico, y muy arraigado, de lo internacional, según el cual el Estado-nación
es un actor clave.
La fuerza de este canon genera dificultades cuando se trata de incorporar
la posibilidad de formaciones globales que no pasan por el sistema interestatal
–el marco típico para ese canon– y que se dan en diferentes escalas, incluso en
escala subnacional. Lo mismo sucede con la sociología. Sus métodos de
investigación y los datos recabados se sustentan en gran medida sobre el tipo
de entidad cerrada que representa el Estado-nación, especialmente en el caso de
la sociología de carácter más cuantitativo, que ha generado métodos cada vez
más complejos basados en la posibilidad de obtener la delimitación del marco
analítico –el Estado-nación, una empresa nacional, un hogar defi nido en términos del censo nacional–.
Pese a que tiene métodos e hipótesis muy diferentes, también la economía
aplicada se encuentra condicionada de manera similar, ya que sus datos también
presuponen la delimitación de la realidad que subyace a la categoría analítica.
Por otro lado, y aunque mantienen nociones parecidas acerca del Estado-nación,
las vertientes más historicistas de la sociología han realizado importantes aportes
al estudio de los sistemas internacionales, como los trabajos sobre el
sistema-mundo y los movimientos migratorios transfronterizos.
La geografía
económica y política ha contribuido al estudio de lo global más que cualquier otra
ciencia social, especialmente gracias a su posición crítica respecto de la
noción de escalas.
En efecto, ella
reconoce el carácter histórico de las escalas y, por lo tanto, presenta una
resistencia a la cosifi
cación y a la naturalización de la escala nacional, tan presente en la mayoría
de las ciencias sociales. Los antropólogos, por su parte, han aportado el
estudio de las fuerzas múltiples y particulares que componen esta dinámica, con
lo que advierten de manera indirecta lo arriesgado que sería emplear un método
analítico basado exclusivamente en el hecho de múltiples escalas, más allá de
la escala nacional, sin contemplar la complejidad de los ámbitos.
Sin ánimo de
generalizar, parecería que las herramientas analíticas e interpretativas de
estas dos disciplinas poseyeran una ventaja para el estudio de lo global, ya
sea en el marco de su definición
convencional como situación de interdependencia en escala global, o en el de un
enfoque más complejo que incluye escalas subnacionales, como el adoptado en
este libro. A pesar del progreso logrado en ciencias sociales, aún queda mucho
por hacer. Parte del trabajo pendiente sería señalar una distinción entre: a)
las diversas escalas que se configuran mediante los
procesos y las prácticas globales; y b) los contenidos específi
cos y la ubicación institucional de esta globalización de escalas múltiples.
El enfoque adoptado en esta obra trae
aparejadas algunas consecuencias conceptuales y metodológicas. La más importante
reside en que incorpora la necesidad de estudiar exhaustivamente las
formaciones y los procesos nacionales y subnacionales, así como también su recodificación como instancias de lo global.
Esto signifi ca que es posible
utilizar gran parte de los conjuntos de datos y las tecnologías de
investigación existentes, pero ubicando los resultados en marcos conceptuales
diferentes, con nuevas categorías que no presupongan la típica dualidad entre
lo nacional y lo global, o lo local y lo global. Entre dichas categorías pueden
mencionarse las comunidades de inmigrantes o de profesionales transnacionales,
las ciudades globales, las cadenas de producción internacional y la compresión
espacio-temporal. En parte, esta terminología surge de la necesidad de dar
nombre a ciertas condiciones que son nuevas, o que meramente han adoptado
nuevas modalidades, o que se han vuelto visibles gracias a la alteración de las
confi guraciones
anteriores. También es posible utilizar categorías analíticas preexistentes,
pero de manera distinta a como se utilizaron originalmente. En principio, los resultados
analíticos de la reorganización conceptual mencionada pueden incorporarse a categorías
sociológicas muy reconocidas, como las de raza, género, ciudad, inmigración,
Estado y conectividad social. Por su parte, la categoría de desnacionalización
que se emplea en este trabajo, postulada en Sassen (1996; 2006), capta uno de
los efectos cada vez más comunes de la interacción entre lo nacional y lo
global. Dos elementos críticos de esta interacción son la naturaleza altamente
institucionalizada y la densidad sociocultural de lo nacional, de lo que se
desprende que las estructuraciones de lo global dentro de lo nacional implican
una desnacionalización de ciertos componentes particulares de lo nacional,
aunque ella resulte parcial, específi ca y, a menudo, muy especializada.
CIUDADES GLOBALES:
LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR Y LAS PRÁCTICAS SOCIALES
Las imágenes que
dominan el discurso sobre la globalización económica son la hipermovilidad, la
capacidad de comunicación global y la neutralización del territorio y de la
distancia. Se tiende a tomar como un hecho la existencia de un sistema
económico global y a considerarlo como una función del poder de las empresas
multinacionales y las comunicaciones globales, y como resultado de ello el énfasis
se coloca en el poder y en los atributos técnicos de la economía global
corporativa. Ahora bien, las investigaciones sociológicas deberían ir más allá
de lo que se da como un hecho y de los meros atributos, y examinar el proceso
de formación de esas condiciones y sus consecuencias.
Las nuevas tecnologías informáticas y el
poder de las empresas transnacionales contienen facultades de operación,
coordinación y control global que deben producirse de algún modo.
Cuando se estudia el proceso de producción
de dichas facultades, se agrega una dimensión muchas veces desatendida en el
discurso sobre la globalización. El enfoque se desplaza hacia las prácticas que
constituyen lo que se entiende por “globalización económica” y “control global”,
es decir, hacia la labor de producir y reproducir la organización y la
administración de un sistema de producción global y de un mercado global de
capi-tales, ambos marcados por la concentración económica. Este análisis de la
globalización económica centrado en las prácticas recupera las categorías de
lugar y de procesos de trabajo, categorías que suelen soslayarse en los
estudios centrados en la hipermovilidad del capital y el poder de las empresas
multinacionales. La elaboración de dichas categorías no niega la centralidad de
la hipermovilidad y del poder empresarial, sino que trae a primer plano el
hecho de que muchos de los recursos necesarios para la actividad económica
global carecen de dicha hipermovilidad y, en efecto, se encuentran
profundamente inmersos en algún territorio, como las ciudades globales y las zonas
francas de exportación.
¿Por qué es importante recuperar las
categorías de lugar y de proceso de producción para el análisis de la economía
global, sobre todo en los casos de las grandes ciudades? Porque dichas
categorías permiten observar la multiplicidad de economías y culturas del
trabajo donde se inserta el sistema económico global, así como también
recuperar los procesos concretos y localizados que materializan la
globalización y afirmar que el
multiculturalismo de las grandes urbes forma parte de ese fenómeno tanto como
el mercado financiero
internacional. Por último, el lugar y los procesos de trabajo nos permiten
describir los caracteres específicos de una geografía
de territorios estratégicos a escala global. En el presente trabajo, dicho fenómeno
se defi ne como una “nueva
geografía de la centralidad”, y uno de los interrogantes que se plantean
consiste en saber si esta nueva geografía transnacional también constituye el espacio
para una nueva política transnacional. Por otro lado, en tanto el análisis
económico de las ciudades globales recupera la gran variedad de empleos y
culturas del trabajo que forman parte de la economía global, pese a que no son
reconocidos como tales, dicho análisis permite examinar la posibilidad de que
existan nuevas formas de desigualdad derivadas de Una sociología de la
globalización Saskia Sassen análisis
político nº 61, Bogotá, septiembre-diciembre, 2007: págs. 3-27 la globalización
económica. Asimismo, permite detectar un nuevo tipo de actividad política entre
los trabajadores que tradicionalmente se encuentran en desventaja; es decir,
permite comprender en términos empíricos si el operar en la geografía económica
transnacional de las ciudades globales representa algún benefi cio para dichos trabajadores. En este
caso, la actividad política estaría sustentada por la participación en la
economía global de aquellos que realizan los “otros” trabajos, como los obreros
fabriles de una zona franca de Asia, los trabajadores explotados de la
industria textil de Los Ángeles o el personal de limpieza de los edificios de Wall Street.
Una pregunta sociológica específi ca que organiza el análisis de estas
cuestiones es si realmente se están formando nuevas confi guraciones en medio de las viejas
condiciones sociales.
El poder, la movilidad del capital, las
desventajas económicas y políticas, el desamparo de los sin techo y las
pandillas son fenómenos que han existido por siglos y que preceden a la globalización
actual. Habría que preguntarse, por tanto, si a partir de la década de 1980
fenómenos tales como el poder, la movilidad, la desigualdad, el desamparo, la
clase profesional, las pandillas o la política adquieren modalidades –aunque sólo
sea en algunos de sus componentes– que permitan distinguirlos de modo sufi ciente de los fenómenos anteriores y,
como consecuencia, especificarlos como nuevos,
aun cuando en términos generales esto sea difícil de establecer.
En este capítulo se intentará responder
dichos interrogantes. El primer apartado examina la posibilidad de que la
ciudad (como un tipo de territorio complejo) haya vuelto a convertirse, como lo
fue a comienzos del siglo anterior, en un prisma a través del cual se pueden observar
los procesos importantes que están desestabilizando los alineamientos
existentes. En el segundo apartado se analiza el rol del lugar y de los
procesos de producción en la economía global. A partir de esta recuperación de
actividades territorializadas para la economía global, el tercer apartado
postula la formación de nuevas geografías transfronterizas de la centralidad y
la marginalidad, constituidas por dichos procesos territoriales de la
globalización. El cuarto apartado examina hasta qué punto estos tipos de
procesos indican la formación de un nuevo orden socioespacial en las ciudades
globales. En el quinto apartado se describen algunas de las localizaciones de
lo global, con especial atención en las mujeres inmigrantes residentes en las
ciudades globales. Por último, en el apartado fi nal se propone una noción de la ciudad global como
nexo donde todas estas tendencias se reúnen y producen nuevos alineamientos
políticos.
Actividad:
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Leer atentamente la misma en forma individual.-
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Evaluación: La presentación en forma oral en la clases del 27 y 28 de Julio 2026.-
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